Sociología Obrera

martes, 28 de febrero de 2006

Después de la tormenta debe venir un huracán: Acreditación y estudiantes


Compañeros y compañeras estudiantes de la carrera de Sociología:

La determinación de la CNAP de no acreditar la carrera era el resultado o consecuencia lógica de un proceso turbio, viciado y de características feudales en la evaluación interna de la carrera. La situación finalmente ha sido resaltada en el informe previo de la comisión de la CNAP, la cual se encontró con éste panorama al visitar nuestra carrera, el cual nombra nuestras insuficiencias y cualidades como carrera, y que ha sido ratificado en el informe final.

La carrera de sociología en la UFRO, es la única carrera que queda por acreditar al interior de la FEH pese a ser éste un proceso de discriminación institucional en cuanto a la entrega o no de fondos para el beneficio de la actividad sociológica en nuestra Universidad (práctica propia de la política pro-lassie fair) que ha dado como resultado la exposición al sol de las grietas insoslayables que testifican los alegatos llevados a cabo por los alumnos de esta carrera desde hace dos años atrás: la mala calidad del profesorado, que pese a sus atribuciones oficiales e institucionales no responde a las exigencias de una sociedad del conocimiento, ni incluso a una sociología como disciplina universitaria en la IX región.

Esto ha sido lo testimoniado por la CNAP, pero además es la experiencia de años de funcionamiento de la carrera en la UFRO. Esta es la manifestación última de la política aristocrática y feudal en la organización de la carrera y de toda la universidad. Ha sido éste distanciamiento de la vocación académica, la burocracia aristócrata y los poderes oligárquicos los que nos han llevado a un conflicto de intereses, en ésta ocasión, manifiesto y exacerbado por la claridad de una ineluctable realidad.

La charla sostenida el día 13 de octubre del 2005 entre los estudiantes y la CNAP dio una muestra clara de un estudiantado capaz de generar rápidamente un perfil organizacional de la carrera, lo cual de hecho se vio reflejado en la evaluación realizada a los alumnos por la CNAP, la cual desconociendo completamente los procesos de discusión internos del estudiantado logró captar la base de la reflexión y discusión relativas a la misma esfera académica y administrativa de la carrera llegando, incluso, a las mismas conclusiones.

Lo que si se sabía, o se develó estrepitosamente, fue la institucionalidad anquilosada, envuelta en las telarañas de las necesidades sociales de hace una década, un capullo aislante de las nuevas corrientes y procesos de transformación político en la región latinoamericana: la burbuja que poseemos por malla y toda su Fundamentación curricular.

Obviamente todo éste proceso de acreditación requería una reestructuración de la malla, proceso que involucra una nueva malla curricular y, por lo tanto, nuevas responsabilidades a nuestros académicos. Seguro debe haber sido una experiencia realmente irrisoria encontrarse con una nueva propuesta curricular considerando la calidad académica existente, y la contradicción objetiva latente de una sociedad que requiere urgentemente innovación y conocimiento teórico y práctico acorde a éste siglo, conjunto a las transformaciones políticas que sufre Latinoamérica.

Es necesario insertar la discusión acerca del contenido político que debiese portar una carrera de sociología. El contenido objetivo de la ciencia parece irrisorio a esta altura del desarrollo del conocimiento científico. Las ideologías que se han disfrazado al interior de la disciplina marcan el desenvolvimiento histórico de las ciencias sociales. Hoy, la carrera de sociología también debe buscar un proyecto académico que éste de acuerdo con la convicción política del estudiantado y que aborde de forma integra las inquietudes existentes por parte del conocimiento sociológico en general.

El captar ésta telenovela en donde los alumnos exigían una calidad acorde al precio de la mercancía en venta, llamada educación estatal, debe haber asombrado a estos “misioneros de la calidad” en la educación superior. Deben haber creído que los confundimos con funcionarios del SERNAC o que vivíamos enjaulados en nuestras aulas y recién nos atrevíamos a sacar nuestras mordazas. La situación no era tan lejana a la realidad.

Como era de esperar la CNAP dice NO a la acreditación, mientras la intervención en materia de calidad permanece intacta, es decir, inexistente en nuestra carrera ¿De quién se espera provenga esta reforma de la carrera de sociología en la UFRO? Obviamente no puede ser otro estamento que el estudiantil ¿Por qué? Porque del Dpto., del Decanato o de la actividad de Vicerectoría-Académica no lo podemos esperar. Los espacios de gobierno dejan a la mayoría estudiantil por fuera de las decisiones, representando intereses de unos pocos sectores docentes que se desviven por ocupar tal o cual cátedra o espacio de la universidad que implique un beneficio económico y/o político personal.

El Dpto. debemos recordar fue un factor importante en la salida de uno de los mejores profesores que ha conocido esta carrera en sus últimos 5 años: Don Ramón A. Gutiérrez. La explotación y limitación creativa causada a un profesor de calidad como Gutiérrez sólo conlleva al alejamiento de la carrera de profesores de su talla y evidencia el inexistente interés en conservar académicos que entregan instrumentos claves en la formación y creatividad sociológica, y una transmisión valórica sentada en el oficio del sociólogo que estos filisteos burocráticos nunca comprenderán desde los sillones del dinero de los cuales ya son parásitos eternos en un perro viejo como nuestra facultad. Repito: el departamento está ligado directamente a la mediocridad reinante en la esfera académica y no hará nada por superarlo a menos que se le presione directamente y se cuestione su labor.

¿Podemos espera una respuesta del decanato? Las trabas impuestas a proyectos de desarrollo investigativo en la Facultad muestran un límite entre el discurso pro-conocimiento e innovación y la práctica académica-administrativa.

La continuidad de ejemplares de la categoría de Rubén Leal en nuestro Dpto. sólo muestra una línea de continuidad entre lo existente y lo futuro ¿acaso se ha cuestionado institucionalmente el trabajo del Señor Leal? ¿Acaso los resultados de la evaluación docente no muestran una debilidad que auguraba un resultado negativo en la acreditación de la carrera? ¿Qué se ha hecho por revertir ésta situación? Debemos tener claro en que el eslabón continúa reiteradamente en todos los espacios administrativos: son hijos de la misma camada, son hermanos de sangre administrativa.

No podemos culpar de la mediocridad existente sólo al reflejo que vemos en el agua de éste lago en que nos ahogamos. Debemos saber que responsabilidades deben salir a la luz, y obviamente el principal responsable es el mismo Estado y su política en materia de educación Superior. Esto especialmente en el proceso de acreditación, tomando en cuenta su rol pasivo y evaluador, más que actor en el mejoramiento de la calidad. Obviamente nosotros sabemos que acreditación no es sinónimo de calidad.
Debemos tomar en cuenta la existencia de un bloque opositor dentro de la misma oligarquía existente en la facultad, por ello acelerar el proceso de democratización también motivará a un sector importante del profesorado, el cual conserva un línea consecuente con sus principios académicos y políticos, mientras se mantienen pasivos esperando una acción de renovación y un proyecto de reforma. En este sentido estamos tocando un nervio muy sensible del oligárquico régimen universitario actual, que se vanagloria de ser “democrático” cuando las decenas de miles de trabajadores no-docentes no tienen ninguna participación en su gobierno y un puñado de profesores decide por el conjunto de los estudiantes y universitarios docentes y no docentes, y es seguro que en esta cirugía al centro nervioso de la oligarquía encontraremos un pabellón lleno de cirujanos dispuestos a colaborar en la intervención, lo importante es saber su existencia y no sobrepasarlos o olvidarlos en las consignas impuestas fácticamente, sino que se debe colaborar en el proceso conjuntamente por una democratización completa de la carrera y la misma universidad.

Ahora la responsabilidad institucional recae en los hombros del Rector. ¿Qué hacer con una carrera como la nuestra luego de un proceso fallido de acreditación? ¿Mejorarla? ¿Cómo? Ahora la acción preponderante a tomar en cuenta es la acción política decidida por un proceso de democratización al interior de la carrera. Este proceso implica la acogida e integración en forma ecuánime de las propuestas académicas de reestructuración y organización de la carrera, tanto en el ámbito admisnistrativo, como en el académico y en el político. Es esta una forma de directa de romper los círculos sólidificados del aburguesamiento y la mediocridad de una disciplina que debiese velar por la búsqueda del mejoramiento de la sociedad, y por desarrollar la discusión político-social que éste mismo objetivo implica.

Los estudiantes, en este sentido, estamos llamados a reformar. A luchar por una segunda reforma universitaria emprendiendo acciones que velen primero, por transparentar el contrato de profesores al interior de la carrera y la Facultad; segundo, por nuestra inserción, como estudiantes, en el proceso de selección de profesores; tercero, luchar por el derecho a elecciones del director de carrera a través de una organización triestamental que involucre la elección directa con voto (un hombre/mujer un voto) de todos los estudiantes, académicos y funcionarios; cuarto, la elección de los jefes de Dpto., decano y rector; quinto, asumir una posición activa y resolutiva en la reformulación de los contenidos curriculares (elaboración de malla y cátedras paralelas); sexto, hacer públicas las evaluaciones docentes en toda la Facultad y Universidad; y séptimo colaborar y participar en las asambleas de carrera y facultad trabajando por la política de un movimiento estudiantil sólido en pro de una segunda reforma universitaria.

Los estudiantes debemos aprovechar aún más los resultados de la evaluación de la CNAP, ya que estos mismos entregan todos los fundamentos a nuestro argumento y a la real posibilidad de transformar la carrera en una organización democratizada que erradique a la cofradía y camarilla que ha decidido dirigirla. Es cierto que parece ser una contradicción apoyarse en las conclusiones de un organismo como la CNAP, pero debemos ver que estas conclusiones reiteran un análisis hecho por los mismos estudiantes, con un distinto lenguaje, sin ofrecer recetas mágicas sino que dejando la posibilidad abierta para la acción estudiantil, acompañándola de un adorno fundamental que es la legitimidad que le confiere el gobierno en la actualidad y, por lo tanto, su trascendencia en la toma de decisiones en materia de Educación Superior.

Hoy por ello podemos declarar con toda potestad, hasta incluso con la venia del orden burgués y su política de mercado, la violación de nuestros derechos como estudiantes y el parasitismo que habita la universidad a causa de factores que tienen relación con las bajas jubilaciones a los académicos en nuestro país, lo cual deja sus huellas en las aulas llenas de telarañas y mediocridad: los intereses personales priman sobre la calidad en materia de supervivencia.

Lo necesario es comenzar un proceso de discusión asambleario que busque en su seno la configuración de un proyecto académico alternativo y, que además provea de un fortalecimiento estudiantil en su búsqueda por la democratización de la carrera. Debemos considerar que el profesorado se mantiene dividido, existiendo la posibilidad de trabajar con académicos que estén de acuerdo o impulsen proyectos académicos que encuentren su legitimidad en la democracia directa en la organzación triestamental.
Si la elección de los representantes al co-gobierno y de las autoridades universitarias se hacen para definir distintas políticas para la universidad y no debido a los mayores o menores méritos académicos, ¿por qué entonces el voto de un profesor debe valer varias decenas más que el de un estudiante y la opinión de los no-docentes ni siquiera ser tenida en cuenta? Es claramente un criterio reaccionario, de tipo feudal. Esto permite que los decanos y directores de carreras y departamentos salgan de componendas entre un puñado de profesores, una élite del sistema universitario, los que acceden a sus beneficios y consiguen los lugares que dan “prestigio social”, mientras miles de no docentes y docentes “auxiliares” trabajan con salarios de hambre o directamente gratis.
El proceso de organización comienza en casa, y sociología está llamado a hacerlo: a trabajar en pos de una Reforma Universitaria, sabiendo que "ninguna transformación progresiva podrá lograrse “por arriba”, sin poner en estado de deliberación y movilización a miles de estudiantes y docentes, y sin plantearse la vinculación de la universidad con los trabajadores y el pueblo"[1].

Nosotros, estudiantes, debemos acelerar éste proceso, avanzar en la inserción de la democracia directa que ya se hace inminente, como base de corrección del burocratismo y “amiguismo” académico, que sólo termina por perjudicar a los estudiantes y la credibilidad institucional de la misma Universidad de la Frontera como muestra de excelencia y calidad académica.

[1] Democratización universitaria. Christian Castillo. Docente de Sociología (UBA), dirigente del PTS en Argentina. Universidad del Martes, 22 de Julio de 2003.

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